Radiografía de una adicción adolescente

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Análisis de un caso tipo de consumo de cannabis en la adolescencia

En este artículo vamos a analizar un caso tipo ficticio en el que intentaremos hacer una radiografía de cómo un consumo esporádico de cannabis en la adolescencia se va convirtiendo en un consumo continuado y cómo eso va afectando a las diferentes áreas de la vida.

La mayoría de los primeros consumos de cannabis se producen en la adolescencia, y esto es algo que tiene mucho sentido por multitud de motivos que podemos analizar en futuros artículos. En este caso me centraré en los que conciernen al tema de hoy, que es el consumo de la sustancia como factor de la construcción de la personalidad individual y social.

La adolescencia es la principal etapa de construcción de la individualidad, y para construir esta singularidad personal es necesario el acompañamiento del grupo de iguales.

Actualmente el consumo de cannabis es algo que está muy extendido en los grupos de edad adolescentes, por lo que es una sustancia cercana a su realidad. Podríamos hablar de otras drogas, pero es esta en al que observo cómo de una manera casi imperceptible comienza a convertirse en parte de su vida.

 

Vamos a introducirnos de lleno en la etapa adolescente durante este proceso.

 

Primer paso-primer consumo.

Normalmente esta primera experiencia se realiza como una vivencia conjunta y compartida dentro del grupo. Es algo en secreto, prohibido, por lo que refuerza la identidad grupal. Tienen algo en común y algo que es solo suyo.

Aquí se van generando los primeros roles respecto al consumo, que poco a poco pueden ir cogiendo peso como roles establecidos: el que tiene más dinero y pilla más, el que solo fuma en ocasiones, el que decide no fumar, etc. Se abre un gran abanico de posibilidades, que de alguna manera te proporciona una seña de identidad dentro del grupo, construido en base al consumo.

De manera general, estos primeros consumos se producen en «ocasiones especiales»: un cumpleaños, unas fiestas de pueblo o incluso una casa sola. Momentos que se consideran diferentes por representar una celebración y en los que además se siente especial libertad respecto a la vigilancia autoritaria.

A partir de este momento, se puede instalar un primer patrón de consumo que nos da muchas pistas de cómo funciona la sustancia a nivel social y psicológico. Me refiero a que para mí, ya existen situaciones que son susceptibles de consumo, aunque sean ocasiones puntuales. De pronto hay una opción que entra en la ecuación, que antes no estaba.

Consumo de fin de semana

Luego comenzamos el consumo de fin de semana, porque poco a poco, nos vamos justificando que el fin de semana es para desconectar, y yo en este momento, ya he encontrado una técnica fácil, barata y socializadora que cumple esta función. De esta manera, comienzo a meter en mi rutina ciertas prácticas: los viernes pillo x cantidad que me tiene que durar el fin de semana. Este momento quizá es uno de los más reforzadores de la etapa de consumo. Algunos expertos lo llaman la «fase de enamoramiento». Las personas adolescentes suelen vivir este momento como una etapa con mucha diversión y mucho lazo de amistad. Acabo de descubrir que puedo alterar mi conciencia, que puedo reírme a carcajadas y todo esto sin salir de mi barrio ni gastarme grandes cantidades de dinero.

Consumo de verano

Pero, ¿qué ocurre para que este consumo de fin de semana se vuelva un consumo continuado? Lo cierto es que nunca es una decisión consciente, es algo que va ocurriendo lentamente; convirtiendo esas ocasiones especiales en rutina. Por ejemplo, puede que haya un día de fiesta que sea lunes, por lo que ahí, puede que consuma entre semana por primera vez. Acabo de saltar el primer límite. Otro de los riesgos es la etapa de verano, en la que siento que todos los días son fin de semana. En mi cabeza pensaré que solo consumo «porque es verano», pero lo cierto es que acabo de aumentar la frecuencia de consumo exponencialmente.

Aumento a días entre semana

Cuando vuelvo al curso, lo hago con la idea de que ya no voy a fumar entre semana, pero de repente un día decido fumar a la salida porque me lo ofrecen o simplemente surge, y acepto. Acabo de saltarme otro límite.

Desde mi punto de vista, hay dos pistas que nos pueden avisar de que estamos perdiendo el control: una es cuando consumes solo y otra cuando consumes antes de realizar alguna actividad que conlleva una responsabilidad.

Consumo diario e invasión de las diferentes áreas de la vida

Una vez has cruzado el límite de consumir algunos días entre semana, aunque tengas clase o cosas que hacer, hemos entrado en una etapa en la que hay más riesgo de pasar al consumo diario. El problema es que tú tienes la idea de que todo lo has ido decidiendo conscientemente y por lo tanto tienes el CONTRIOL de la situación. «Solo fumo cuando yo decido». Por ejemplo, comienzo a fumar después del entrenamiento los dos días que voy. A partir de aquí, ya existe una nebulosa, en la que fumas los dos días que entrenas además del fin de semana. De alguna manera has comenzado a fumar siempre que tienes la oportunidad. Y otra cosa no, pero los seres humanos somos muy hábiles para crear oportunidades de consumo. Por ejemplo, puedo volver a aumentar mi horquilla de consumo cuando saco al perro por las noches, y poco a poco empezaré a convertir ese en «mi momento». Acabo de cruzar otra línea: fumar solo.

El último resquicio que queda es el consumo antes de una actividad de responsabilidad: fumar antes de entrar a clase o en el recreo. Esta es una línea bastante fácil de cruzar, ya que quizá en este momento del consumo, muchos miembros de tu grupo sean consumidores, por tanto, lo tendrás cerca. Esta decisión, no se suele tomar con la total conciencia de que estamos dando un paso importante en el consumo, sino dentro de un contexto de diversión. «Vamos a fumar antes de clase de historia que es un rollo y así nos reímos y se nos hace más ameno». Si esta primera experiencia se percibe de manera positiva, y además refuerza la unión del grupo, es fácil volver a repetirla y por ejemplo instaurar quedar 15 minutos antes de clase para consumir. Acabamos de añadir una rutina a nuestro día cuyo único fin es el consumo.

Aumento del consumo y relación con la familia

Una frase que yo digo mucho es que cuando alguien consume sustancias en la adolescencia, a medida que ese consumo va aumentando, se va construyendo un muro entre tu familia y tú. Y cuanto más se aumenta la frecuencia y se va alargando en el tiempo, el muro se va haciendo más alto. Es probable que si llegas a casa después de haber consumido no quieras hablar con tu familia, por lo que te irás a tu cuarto huyendo de una situación incómoda. Además, muchos de tus planes tienen que ver con fumar, así que te será complicado compartir tus experiencias con ellos. Por otro lado, se crea una situación en la que tú sabes que tienes algo que ocultar y de alguna manera no les dejarás pasar, porque de cara a ellos sientes algo de vergüenza.

Uno de los primeros cambios que nota una persona cuando deja de consumir es la relación con su familia. Esa relación se relaja, se expande, ya no hay secretos, no hay vergüenza, mejora.

¿Qué podemos sacar de conclusión?

Como hemos ido viendo, lentamente el consumo ha ido invadiendo las diferentes áreas de mi vida: primero el ocio y el grupo de amistades (y en ocasiones la pareja); después los entrenamientos; a continuación mi paseo con el perro y por último mi vida en el instituto. Es fácil además, que a medida que aumento la frecuencia y ámbitos en los que consumo, comience a interesarme por todo lo relacionado con la sustancia: me compro un mechero con la hoja de marihuana, me hace gracia escuhar música que hable del consumo (porque me identifico), muchas de mis conversaciones y planes con mis amig@s tienen que ver con fumar, etc. De tal manera, que es muy difícil separar quién soy yo fumando y quién era yo sin fumar. Este camino, para mi ha ido formando parte del proceso de crecer y hacerme mayor, lo he vivido como una evolución natural y además tengo mi rol de consumidor o consumidora dentro de mi grupo.

Ha pasado: la sustancia es la protagonista de mi vida. Condiciona en qué me gasto el dinero, qué planes hago, con quién quedo. cómo me relaciono con mi familia. Y todo ello bajo una enorme sensación de control.

A modo de resumen:

La adicción es una circunstancia que se va construyendo paso a paso, en la que influyen muchos factores que condicionan el camino y las decisiones que tomamos. Existen muchas situaciones y experiencias en la vida de una persona que marcan un antes y un después.

La intención de este artículo es analizar paso a paso cómo se aumenta el consumo, bajo una sensación de control, reforzada por el grupo de iguales y condicionada por las circunstancias individuales.

Me parece importante destacar que de manera general, hay muy pocas personas que tengan identificado el momento en el que un consumo puntual se convirtió en una adicción, porque como decimos, es parte de un proceso. El problema es que a medida que nos vamos acercando a la adicción vamos fusionando nuestra identidad con el consumo. Poco a poco voy abandonando algunas de las señas de identidad que me hacían ser quien soy, se las cedo a la sustancia y su contexto, de tal manera que llega un momento del camino en el que me pregunto, ¿quién soy yo sin consumir? Y la respuesta es un folio en blanco. Podemos volver a escribirlo, podemos explorarnos de nuevo, pero para eso, tiene que ser nuestro momento, tenemos que tenerlo identificado. Porque la adicción construye una burbuja a nuestro alrededor que no nos deja mirarnos, no nos deja vernos. Si en el camino tenemos la suerte de que pase algo de luz a través de esa burbuja, habremos avanzado un gran paso.

 

NOTA ACLARATORIA: Este es un caso tipo, en ningún momento pretende generalizar, solo ilustrar algunas de las características comunes. Desde drogasyrayadas se entiende que cada proceso individual es único.

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