¿Qué esperar cuando se abandona una sustancia?

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En otros post hemos abordado las fases por las que puede pasar una persona adolescente en el proceso de generar una adicción. En esta ocasión vamos a desgranar las etapas que suelen sucederse cuando alguien abandona o intenta abandonar el consumo de una sustancia. Para ello, vamos a basarnos en el Modelo Transteórico de Prochaska y DiClemente.

Prochaska y DiClemente definieron diferentes estadios que se dan cuando una persona quiere realizar un cambio. Esta teoría se ha convertido en un básico para entender los procesos de desintoxicación y deshabituación. Por ello comenzaremos definiendo estos dos conceptos, no de manera teórica, sino como siempre, desde mi visión rayada.

Desintoxicación es el proceso de abandono de la sustancia. Entendiendo que de esta forman también parte aquellas reacciones tanto físicas como psicológicas, que pueden aparecer en el organismo cuando dejamos de consumir una sustancia a la que previamente se ha generado adicción. De este momento forma también parte lo que conocemos como síndrome de abstinencia.

Cuando hablamos de deshabituación nos referimos de alguna manera, al contexto, a todos aquellos hábitos, espacios de ocio o de cotidianeidad que en cierto modo tenemos relacionados con el consumo. Cuantas más áreas de nuestra vida se hayan visto afectadas, mayor será el reto, puesto que en muchas ocasiones tendremos que resignificar estos espacios y rutinas, dotarlos de un nuevo significado e incluso crear unos nuevos.

Esto se puede vivir como una crisis de identidad tanto individual como social, pero también como una oportunidad para atender a aquellos aspectos de nuestra vida que podíamos tener olvidados. Lo cierto es que una de las emociones más comunes cuando alguien comienza a plantearse dejar de consumir es el MIEDO, ya que el consumo a veces representa una red de seguridad con la que poco a poco se aprende a vivir. Algo con lo que «siempre podemos contar aunque las cosas vayan mal» porque además probablemente lo llevamos en el bolsillo.

Uno de los retos de afrontar ese miedo, es replantearse como hacer frente a situaciones diarias en las que hasta ahora se recurría al consumo. De esta manera, se nos plantea la necesidad de utilizar nuestros recursos personales y explorar nuestras debilidades y fortalezas. Y qué queréis que os diga, eso da muchísimo miedo y puede generar mucha inseguridad.

Analizando las etapas del cambio

Procedemos a analizar cada etapa de cambio y para ello, os aporto una imagen del modelo de Prochaska y DiClemente.

Procesos del cambio de Prochaska y DiClemente

A continuación, se explican estas fases y se aporta una interpretación de cada una de ellas, pensando en cómo abordarlas desde el prisma de la empatía y acompañamiento como profesional.

  • Precontemplación: Es ese momento en el que la persona aun no se plantea el cambio. Pueden ser muchas las circunstancias tanto personales como sociales que se den en el periodo precontemplativo. Una de ellas es que la persona se muestre conforme con su consumo y no considere que tiene que modificarlo. Además, en esta etapa puede aparecer la sensación de control sobre la sustancia y aunque pueda o no ver consecuencias negativas en su vida, en este momento concreto no considera que tenga un problema, o bien no ve la necesidad del cambio. También puede ocurrir que directamente NO QUIERA plantearse nada acerca del consumo. Esta es una etapa de respeto y acompañamiento, en la que las presiones pueden ser contraproducentes.
  • Contemplación: Este es el momento en el que la persona se plantea un cambio real, ya sea un abandono del consumo, una reducción o simplemente una modificación de los patrones y escenarios en los que consume. Esto es importante tenerlo en cuenta, porque de esta demanda partirán los objetivos hacia los que trabajar, que no son los del profesional que acompaña, sino los de la persona que consume. La etapa de contemplación a veces es corta, un momento de revelación que tiene mucho valor, ya que quizá es la primera vez que se plantea dejar el consumo. La fuerza de este momento es muy potente puesto que suele estar impregnada de una carga emocional que podemos acompañar desde la empatía y el respeto. 
  • Preparación para la acción: Esta etapa es crucial, ya que es aquí donde se exploran las herramientas tanto personales como sociales que se poseen para afrontar el reto. Esta preparación se puede abordar tanto a nivel funcional y de organización de vida, como a nivel psicológico. En este momento, a mi como profesional, me gusta abordar dos aspectos:
    • Las motivaciones reales que la persona tiene para abandonar el consumo. Cuando trabajamos estos motivos con personas adolescentes, tenemos que ahondar bastante, porque sus primeras motivaciones suelen ser externas, y desde mi punto de vista, tienen que tener un sentido real y práctico en la vida de la persona, y además tienen que ir acompañadas de expectativas emocionales importantes. A mi me gusta apuntarlas, hacer una lista, para capturar ese momento tan concreto motivacional al que poder volver si es necesario.
    • Posibles escenarios de riesgo de consumo, o lo que es lo mismo, imaginarnos situaciones tanto sociales como emocionales que pueden darse en los que la persona pueda tener más ganas de consumir. A veces hay que trabajar cómo sustituir esos «planes» por otros o directamente cómo afrontarlos. 
  • Acción o cambio y mantenimiento del mismo: Aquí viene el verdadero reto de la persona, por eso cuanto más hayamos trabajado en las fases anteriores, podremos enfrentar este momento con mayor empuje. Este es el primer día que te levantas con el propósito de no consumir, en el que cada hora, cada momento y cada día cuenta. En esta fase, cada obstáculo superado debe reconocerse como un éxito, y la persona debe reforzarse cada logro, porque no es fácil, porque se ponen en juego muchas emociones y aquí se activan a la vez las ganas, los motivos, las expectativas, los sentimientos de vacío y culpa, la alegría por cada paso conseguido pero la duda por el que está por llegar. Cuando hablo de empatía me refiero a comprender todo este proceso, a entender todo lo que ocurre en el momento en que te levantas con la idea de ese va a ser tu primer día sin consumir. Es importante entender, que este es el primer salto al vacío (sin red de seguridad) y que cabe la posibilidad de que no se consiga el propósito a la primera. Por eso hay que trabajar en la posibilidad de recaída desde el primer momento.
  • Recaída: Para mí, este es el punto fuerte del modelo de Prochaska y DiClemente. Entender las recaídas como parte del proceso, que además forma parte de la rueda, es decir, que hay un DESPUÉS de la recaída. Esto es importantísimo por varias razones:
    • En primer lugar, porque contemplarlo como una posibilidad nos facilita trabajar sobre ello tanto antes como después, sin culpas, sin reproches, como parte del proceso de cambio y sobretodo de aprendizaje tanto sobre el consumo, como sobre uno mismo.
    • En segundo lugar porque si entendemos que hay un después, podemos trabajar para que el tiempo de recaída dure lo menos posible. Con las personas adolescentes yo lo trabajo como huir del «de perdidos al rio», es decir, no por haber recaído debemos pensar que hemos fracasado y hacer un consumo exponencial. Podemos darle valor a la idea de que cada día cuenta. «Hoy no lo he conseguido, para mañana puedo volver a empezar». Y sobretodo, huir de la sensación de que «he tirado a la basura todo lo conseguido hasta ahora». Todo el proceso por el que ha pasado una persona antes de la recaída y valiosísimo y un consumo no lo invalida. A mi me gusta pensar que lo fortalece, que a partir de esa recaída, entendemos que quizá aún la persona está más vulnerable de lo cree y que quizá la sensación de CONTROL le ha jugado una mala pasada. Trabajemos en qué ha pasado, por qué ha pasado, cómo se ha sentido y acompañemos todos los recursos que la persona persona tiene para comenzar de nuevo, que no de cero.

Esta visión de las recaídas, aboga por la desestigmatización y acompaña los sentimientos de culpa, fracaso y frustración.

Algunas conclusiones sobre el modelo

A continuación, abordaremos algunos aspectos que me inspiran a partir de este modelo y los motivos por los que lo rescato en este artículo.

Y se viene la rayada final

Todo lo expuesto en el artículo, parte de mi visión del acompañamiento en adicciones. En muchas ocasiones, se usa por parte de los profesionales la palabra INTERVENCIÓN, y reconozco que yo la usé mucho en mis orígenes profesionales, pero a medida que iba avanzando en mi proceso de aprendizaje como profesional, entendí que a veces hay una visión jerárquica acerca de los roles que se juegan; que de manera implícita «se guía», «se aconseja», «se recomienda» e incluso «se impone» a las personas lo que deben o tienen que hacer. Estas pautas, suelen ser unidireccionales y parten de un juicio moral del que a veces los profesionales no nos damos cuenta. 

Actualmente trabajo cada día por respetar, acompañar, empatizar, escuchar y en la mayoría de ocasiones únicamente preguntar sobre aquello que desde fuera me parece relevante para avanzar en los objetivos que la persona se ha propuesto. Este es mi sentir y por supuesto no es más válido que el resto, solo lo expongo aquí como forma de aportar al debate y poder seguir rayándonos para aprender.

 

NOTA: Cada persona puede vivir su proceso de forma de diferente, esto solo aporta un constructo teórico para reflexión y no tiene por qué ser generalizable.

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