Motivos de consumo de cannabis en la adolescencia

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Cuando hablamos de consumo de drogas en la etapa adolescente principalmente tenemos que pensar en dos sustancias: el alcohol y el cannabis. En próximos post abordare el tema del alcohol, pero en este caso hablaremos del cannabis.

Lo cierto es que en mi trayectoria acompañándoles llego a la conclusión de que el consumo es algo muy extendido y normalizado. Cuanto menos hay que considerar que es la droga ilegal mas consumida, por lo que es una realidad bastante normalizada en entornos adolescentes.

Desde una mirada de la intervención socioeducativa, vamos a analizar los motivos que ellos y ellas alegan para consumir. Tenemos que dejar atrás miradas simplistas y quizá asumir que. como personas complejas que son en etapa de cambio, existen motivos que para ellos tienen un sentido. Solo a partir de comprender el por qué del consumo, podemos abordar la intervención. Esto parte de un respeto enorme a la etapa adolescente y un intento de comprensión, escucha y empatía. Para mi, esta es la base de la intervención, una escucha sin juicios ni castigos a la que no están acostumbrados y que por tanto se convierte en una forma de vincular emocionalmente que es la base para el comienzo de un acompañamiento en el cambio.

Por tanto, una de las primeras preguntas que desde mi punto de vista debemos hacerles es ¿y tú por qué fumas? Algo que no les suelen preguntar. Veamos los motivos mas comunes.

  • Diversión:

Este es el primer motivo que alegan y es digno de analizar en profundidad. En primer lugar, aquí hay una parte de aprendizaje social, con múltiples factores causales, es decir, que desde nuestros primeros contactos informativos sobre la sustancia percibimos un componente cómico y de diversión, que tiene que ver con la percepción de la sustancia en concreto. Cuando percibimos representaciones sociales en medios de masas acerca del cannabis siempre van unidos a una visión positiva. Además aquí también se pone en juego el aprendizaje social en el grupo de iguales. De hecho, es la motivación principal para probarlo, pero cuando se desgrana este motivo tenemos que valorar toda la trayectoria. El conjunto. Yo siempre digo que el cerebro nos hace trampas y guarda solo aquellos recuerdos buenos que tenemos asociados al consumo, por lo que aquí se comienza a trabajar desde los pros y contras. Sí, habéis leído bien, PROS. Porque para comenzar una intervención hay que entender que la persona tiene una motivación para el consumo y validarla es el primer paso para ponerla en cuestión. Por tanto, debemos entender que el consumo de la sustancia siempre va a tener un componente «divertido» y negar eso es romper el vínculo, faltar al respeto a sus emociones. Lo que ocurre es que hay que ir a la profundidad de esa idea, buscar las verdaderas motivaciones y entender qué busca la persona «emocionalmente» con el consumo.

  • Falta de otros planes:

Esto de primeras, suena a «mentira». En general, desde la mirada adulta si pensamos en planes ocio puede que se nos ocurran bastantes, pero si nos ponemos en su lugar no es tan sencillo. Pensemos: el parque de debajo de mi casa, con los amigos de mi barrio y mi música. Fácil, barato, sin pensar, sin esfuerzo y con cierto refuerzo social del grupo de amigos. Para hablar con honestidad, lo cierto es que ell@s no suelen darse cuenta de que hay otras opciones o incluso de que antes del consumo su ocio era más variado. Yo siempre digo que «el parque atrapa», pone un muro a sus puertas y cuesta salir de ahí. Además, tenemos que tener en cuenta que si el plan que van a hacer es fumar, es algo bastante incompatible con otros planes, por lo que siempre habrá resistencias a ampliar el ocio. Una de las resistencias más comunes en la intervención es «tampoco hay mucho más que hacer». Aquí funciona mucho soñar con ell@s, aportar ideas que a priori pueden parecer imposibles de llevarse a cabo, pero al menos despertamos la motivación por la búsqueda de nuevos planes, que tras un periodo de tiempo de consumo, puede estar dormida.

También es importante pensar cuál es el plan real. Es muy difícil darte cuenta de que el centro y único plan del sábado es fumar con tus amig@s, lo normal es que digas que has quedado para echarte unas risas, escuchar música y hablar de tus cosas, por eso la pregunta es, ¿si los porros desparecen de la ecuación harías el mismo plan?

  • Relajarse:

¿Cuánto hay de cierto y cuánto de aprendido? Cada persona aprende a regular sus emociones en base a lo que nos funciona. Cuando en la adolescencia se aprende el consumo como forma de desestresarse es muy complicado entrenar otras formas de relajarse. Tambien hay que tener en cuenta que quizá en esta motivacion hay una parte sugestionable, me estreso y por tanto consumo o siento que me estreso porque quiero consumir.

En este sentido, me parece importante destacar la soledad que se siente en la etapa adolescente, la distancia que se percibe con respecto a las personas adultas. Por este motivo, es muy complicado que encuentren una figura de apoyo que no esté dentro de su grupo de iguales. El papel de los profesionales cobra especial relevancia como alguien que escucha y comprende, pero que a su vez no forma parte de su vida.

  • Por rutina

Este motivo cuesta mucho sacarlo en una conversacion de un adolescente, porque implica un componente de falta de control que la persona tiene que reconocer. Hay una union del consumo a las acciones cotidianas de la vida. No se podria considerar un motivo en sí mismo sino un punto de partida para comenzar a trabajar.

Quede por delante que esto es lo que ellos y ellas dicen sobre los motivos por los que consumen, es nuestro trabajo profundizar más allá de las palabras, buscar las emociones que esconden detrás. A veces soledad, a veces necesidad de aceptación, en ocasiones apatía. Y desde ese grueso podemos trabajar, porque para mi este proceso es acompañar cuidando, desde el respeto, la reflexión y la no imposición; y sobretodo aportando un espacio de escucha. Matizar también, que validar emociones no significa aliarnos, que comprender y apoyar no es alentar. Hay que tener la mente lo suficientemente despierta y empática como para no caer en la necesidad de agradar y a la vez apoyar y acompañar en la toma de decisiones.

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