El papel del alcohol en la adolescencia

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El alcohol es la droga más consumida en nuestro país entre adolescentes de entre 14 y 18 años. Esta es una tendencia que se lleva repitiendo a lo largo de las últimas encuestas de consumo de drogas realizadas.

Si bien es cierto, que en población adulta también es la droga más consumida, la mayoría de las veces las primeras experiencias de consumo se producen en esta etapa. Y es que el alcohol tiene unos significados muy particulares en la adolescencia que merecen de un análisis en profundidad.

En primer lugar señalar, que si bien otras sustancias se suelen relacionar con perfiles adolescentes más conflictivos (bajo rendimiento escolar, problemas familiares, etc.), el alcohol es una sustancia que se presenta en prácticamente todos los perfiles. Esto nos hace pensar, que quizá la consideración social del alcohol influye en que se ajuste a lo esperado para esta etapa de la vida.

Para profundizar en el asunto, me parece interesante abordarlo desde la perspectiva de los factores de riesgo más comunes, repasando las características culturales, sociales y familiares que como sociedad tenemos en común.

Voy a partir de la hipótesis de que «tenemos asumido que beber forma parte de la adolescencia como algo normal». Lo llamo hipótesis porque no es algo ante lo que me posicione a favor, sino que considero que es una idea que está muy asentada en el imaginario colectivo. Por otro lado, la decisión personal de beber o no, se suele producir en la adolescencia en contextos de ocio. En ese momento la persona tiene la sensación de que ha tomado esa decisión «libremente». De hecho el discurso que más se oye en adolescentes es «nadie me obliga». Y por supuesto que nadie te obliga, pero desde luego a lo largo de la vida, se han ido recibiendo unos estímulos y mensajes que suelen estar presentes en el momento de esta toma de decisiones:

  • Imagen social del alcohol.

A lo largo de toda nuestra vida, recibimos diferentes mensajes relacionados con el alcohol y otras drogas, lo que ocurre es la imagen que percibimos de este, es muy diferente al resto de sustancias. En primer lugar, es algo que está presente en todas las casas: cervezas en la nevera o vinos y otras bebidas alcohólicas en armarios que en España hemos denominado «mueble bar». Por tanto, hay una convivencia con el alcohol desde la infancia. Por otro lado, cuando analizamos las representaciones sociales más comunes, se nos viene a la mente las cañas del domingo o «la copa de celebración» por cualquier motivo. En general, en todas las celebraciones, el alcohol tiene un papel central. Pensemos por ejemplo en las bodas, en las que la «barra libre» es el plato fuerte de un día especial. ¿Y qué repercusión tiene esto? Aquí no me voy a complicar relacionándolo con los porcentajes de consumo, sino con una percepción que a lo largo de mis años de experiencia con la adolescencia se repite año tras año: «los chicos y chicas adolescentes no consideran que el alcohol sea una droga». Al menos así a priori. De tal manera que cuando les dices que vas a hablar de drogas con ell@s nunca piensan en el alcohol como una de ellas o cuando les preguntas qué drogas han consumido la respuesta puede ser «ninguna» hasta que preguntas específicamente por el alcohol. Esto nos da una pista de la configuración mental que tenemos de la sustancia en función de los estímulos sociales percibidos, y por tanto lo cito aquí como un factor de riesgo para su consumo.

  • Presencia del alcohol en la familia

Como apuntaba antes, el alcohol es una sustancia muy frecuente en los hogares españoles, así como en los planes de ocio. Cuando hablamos de otras drogas probablemente entendamos que debemos tener en cuenta si hay antecedentes de consumo de sustancias en la familia. Por ejemplo, si decimos que la madre o el padre de alguien es consumidor de cocaina o éxtasis, por norma general, se entenderá que esto es un factor de riesgo para el niño o la niña que ha convivido en esa familia. De hecho, una práctica muy frecuente entre padres y madres consumidores de tabaco, es que cuando comienza su paternidad o maternidad o bien abandonan el consumo de tabaco, o bien los desplazan al ámbito privado fuera de los niños y niñas. Pero esto con el alcohol no suele ocurrir. Las terrazas de los bares están llenas de familias consumiendo alcohol con sus hijos, y entendedme, es algo normalizado que no voy a demonizar; porque además es algo muy cultural, pero si lo ponemos en contexto, estamos ofreciendo un modelo de ocio en el que el alcohol tiene un papel bastante relevante. De tal manera, que cuando una persona adolescente comienza a ganar independencia en cuanto a su ocio y salidas con amistades, imita comportamientos sociales y familiares que ha vivido de manera totalmente normalizada, y generalmente no traumática como podríamos apuntar de otras sustancias. Por tanto, es es otro de los factores de riesgo o explicativos de los patrones de consumo de alcohol en la etapa adolescente.

  • Comprensión del alcohol como parte del paso a la vida adulta y diferenciación.

En este factor, me parece que hay una clave muy importante que vincula directamente con las emociones y motivaciones propias de la etapa adolescente. Por un lado, debemos tener en cuenta el poder del modelado para general conductas. En este sentido, quisiera hacer una fotografía que puede repetirse en cualquier celebración navideña.

Niño o niña cenando con su familia. Todas las personas adultas de la mesa beben alcohol antes, durante y después de la cena. El niño o la niña se interesa por esto y pide un sorbito. Aquí pueden pasar dos cosas: o bien se le da el sorbito diciéndole que «es una ocasión especial» (lo cuál transmite este mensaje de que en celebraciones esté bien visto el consumo de alcohol) o bien se le dice que «eso es de mayores». Desde luego el mensaje que recibe el niño o la niña, es que hay momentos en los que se suele consumir alcohol, ya sea por edad o por la ocasión «especial». Otra situación puede que ser que el mensaje que reciba sea «tú esto no puedes tomarlo» mientras te acabas otro vasito más de vino.

Tras una repetición de escenas de este tipo a lo largo de la vida de todas las personas, llegamos a la adolescencia. Comenzamos a salir con nuestras amistades, nos liberamos del control y vigilancia de nuestros progenitores y llega el momento decidir si bebemos o no. ¿Y qué hay en mi imaginario a la hora de tomar esta decisión? Ya soy mayor, aunque mis padres crean que no, o «esto hay que celebrarlo». También es cierto que hay un componente en el grupo de iguales digno de ser comentado, que es el estatus social que se da en la adolescencia a las personas más atrevidas con el consumo de alcohol. Y es que el que ha bebido antes «es más guay» o el que se atreve a ir a comprar el alcohol «es más valiente» y esto que nos puede parecer una obviedad, tiene mucho peso en la toma de decisiones en la adolescencia. Además, toda esta «mochila» la llevamos inconscientemente, de tal manera que en el momento de la decisión no los tenemos en cuenta como factores explícitos, de hecho la justificación que yo me daré será «me apetece» y con esto reafirmaré mi independencia y mi subjetividad.

  • Disponibilidad

Este es un factor muy importante en la adolescencia. «Lo tengo cerca, lo puedo adquirir y económicamente me lo puedo permitir,». Quizá esto también influye en que sea una de las primeras sustancias que se consumen en la vida. No tengo que ir a ningún lugar lejano o escondido a adquirir el alcohol, por tanto aunque sé que es ilegal, esto no tiene un impacto en mi toma de decisiones porque «no lo parece». Con muy poco dinero y sin necesidad de esforzarme en exceso «tengo un plan de viernes» que me aporta diversión, socialización y además me refuerza en mi camino de construcción de la identidad adulta. El poder que esto tiene prácticamente se explica por sí solo.

 

Tras analizar los factores sociales de riesgo más comunes y teniendo en cuenta el peso que estos tienen en la etapa adolescente os dejo varias preguntas: ¿De verdad creéis que todo esto no influye en los porcentajes tan altos de consumo? ¿Pensáis que tomamos libremente la decisión de beber?

Por supuesto siempre queda la libertad individual para tomar decisiones, aunque esta libertad quizá tiene menos peso en la etapa adolescente, en la que la identidad aún está en búsqueda y construcción.

 

Como nota aclaratoria, he de decir que como eje del artículo, no he entrado en problemas de alcoholismo diagnosticados, sino en lo que es la generalidad del consumo que se produce en muchos hogares españoles.

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