Desgranando emociones del uso de redes sociales

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En los últimos tiempos es común ver noticias sobre la adicción a las redes sociales, curiosamente estas noticias solo abordan el tema desde la problemática de la infancia y la adolescencia, cuando podríamos analizarlo desde una perspectiva más global, ya que es algo generalizado en todos los grupos de edad.

Este artículo pretende profundizar en el componente emocional que va asociado al uso de redes sociales en la adolescencia. Porque es fácil decir que los adolescentes usan mucho las redes o incluso que las usan de manera inadecuada. Lo que es realmente complicado es ahondar en las causas emocionales de este uso. Mirar hacia ellos y ellas entendiendo toda la explosión de sentimientos que se produce y explorar qué funciones están cumpliendo las redes en este aspecto.

Haciendo un análisis superficial, y entendiendo la función socializadora de las redes, la adolescencia es el momento vital perfecto para que se produzca un uso más extendido o incluso abusivo. Porque socializar es uno de los mayores deseos de esta etapa, y con este deseo, la aceptación social y la pertenencia al grupo.

A continuación, desgranamos en qué puntos se unen emociones y redes sociales en la adolescencia, qué riesgos y oportunidades pueden presentarse; y sobretodo, miramos más allá de las pantallas para intentar ver realmente cómo se están sintiendo los y las adolescentes y así pensar la mejor manera de acompañarles.

Redes sociales como reguladoras de emociones

La intensidad emocional y la dificultad para gestionarla y expresarla son dos de las señas de identidad de la adolescencia. En este sentido, hay que tener en cuenta, que los chicos y chicas llevan permanentemente en el bolsillo un altavoz en el que poder compartir, expresar e incluso gritar cómo se están sintiendo. Poco a poco se ha ido convirtiendo en una herramienta fácil a la que acudir, y a su vez en una caja en la que depositar alegrías, frustraciones, miedos y sobretodo, inseguridades. Pero, ¿qué particularidades tiene esta forma de hacerlo? Para mi, la inmediatez con la que funcionan las redes es uno de los puntos a tener en cuenta. Parte de una gestión emocional sana, tiene que ver con el proceso. ¿Qué siento? ¿Por qué? ¿Qué necesito? Pero al volcar de manera inmediata las emociones en las redes nos saltamos este camino, profundizamos menos y además, al colocar estas emociones «en un lugar hipotético» sentimos algo de bienestar. Un bienestar superficial, mediado por la necesidad de aprobación y la búsqueda rápida de autoestima.

Desde mi punto de vista, la revisión que debemos hacer tiene que ver con tres fases: ¿qué emociones busca cada persona cuando abre una red social? Y, ¿realmente qué emociones le provoca? Y principalmente, ¿qué proceso se construye entre punto y otro?

Por otro lado, las emociones que nos provocan el uso de las redes sociales ¿son reales? ¿Cuánta artificialidad tienen? ¿Por cuántos filtros pasan? Quizá las emociones que sentimos, al ser subjetivas, no son debatibles, pero las causas, el origen , deber ser revisables y poder hacer un análisis crítico.

Redes sociales como cristales opacos

Es innegable, que las redes sociales cumplen en nuestra vida una función de desconexión, de abrir una ventana a otros mundos, algunos con los que identificarnos, otros con los que soñar, y muchos con los que compartir. Pero también es importante entender que cumplen una función de apartar las emociones, taparlas, posponerlas o ralentizarlas.

Parte de mi interpretación de las adicciones tiene que ver con su funcionamiento para esconder lo que sentimos, para aplazar la expresión de emociones, para darle al botón de pausa en cómo reconocemos lo que nos pasa. Mientras, el mundo avanza de un modo más aséptico, adormecido. De esta forma, usamos las redes sociales para sentir que miramos al mundo y a nosotros mismos, sin ser esto del todo cierto. Es un autoengaño de introspección en el que nos ocultamos verdades, nos prefabricamos y nos creemos nuestra propia falsa imagen. Pero ¿sabéis qué? Esto, de facto, no modifica ni nuestra autoimagen, ni nuestras emociones, ni la realidad. Las vuelve opacas a nuestro ojos de manera intencionada. Se podría discernir entonces, que desnaturalizamos las emociones y las adaptamos al consumo masivo de redes, y al final esto, las esconde de nuevo, las diluye.

Un aprendizaje básico en la adolescencia es conocerse y validarse, mirarse y sentirse a uno mismo desde la mayor aceptación posible, pero cuando le damos a las redes sociales el poder de validarnos, mostrarnos y construir quiénes somos, nos quitamos la oportunidad y el reto de la naturalidad y la autocomprensión. Las redes nos roban tiempo de introspección y silencio, de estar con nosotros mismos y eso nos resta complejidad.

Redes sociales como causa y síntoma de falta de profundidad

Para mi las redes sociales cumplen una función que yo llamo «la falacia de la solución». Esto es que ante un conflicto emocional, usamos las redes como medio para sentirnos mejor, autorregularnos e identificarnos; pero hay algo de oasis en esto, de falta de realidad y sobretodo, de profundidad. El funcionamiento de las redes se caracteriza por ser un conjunto de estímulos rápidos e inmediatos, sin tiempo para procesar, para pensar, para sentir. Nos dejamos llevar por nuestras emociones en aras de dar soluciones rápidas, sentamos cátedra con frases hechas, juzgamos a las personas (que no perfiles) por una pequeña parte edulcorada de lo que muestran. Hablamos de salud mental en forma de hashtag, y cuando ya no es trending topic saltamos al siguiente. Devoramos cada contenido, cada canción, cada video de 30 segundos y devoramos también las emociones, las de los demás y las nuestras. Las consumimos y las vendemos. ¿De verdad creéis que esto no tiene consecuencias en personas en la etapa adolescente? ¿En cómo se llevan a cabo los aprendizajes vitales? Quizá hay que darles a las redes el significado que tienen, despojarlas de su totalidad, y juzgarlas desde la parcialidad, la selección, lo fabricado; pero qué difícil esto cuando las emociones entran en juego.

Algunas conclusiones emocionales

Separar la gestión emocional del uso de abusivo de redes, y usar solo el paradigma comportamental o de repetición de conductas, es simplificar el fenómeno, despojarlo de la parte que vertebra las causas profundas del lugar que les otorgamos en nuestras vidas. ¿Por qué ha explotado un fenómeno que se mide en seguidores, likes y reproducciones? ¿Por qué los números cuando aumentan nos hacen sentir bien? ¿Qué explicación le damos a cómo nos sentimos cuando estos números bajan? ¿Realmente sentimos que esto mide el afecto, los vínculos y nuestra valía? Quizá racionalmente no, pero hay algo no explicable en estas sensaciones.

Podemos explorar de manera profunda y sincera estas emociones y cómo funcionan y aprender de ellas. Podemos acompañar la adolescencia entendiendo la carga emocional que supone el uso de redes sociales. Sin deslegitimar sus emociones, sin restarles valor. Acompañando, entendiendo, preguntando, en definitiva rayándonos con ellos a nivel más complejo, porque os diré una cosa… Tienen mucho que decir sobre esto, tienen capacidad de introspección y análisis crítico, solo necesitan los espacios adecuados, las preguntas que no juzgan y un lugar donde sus emociones se validen. Pase lo que pase. Dándoles valor a sus necesidades y los medios para cubrirlas, pero también poniendo el foco en todo lo que no dicen, en sus silencios, en su «aparentar», porque ahí es donde está la verdadera profundidad.

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